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El irlandés, como la gran mayoría de los idiomas hablados en Europa, es una lengua perteneciente a la familia indoeuropea, que, en época antigua, se extendía por Europa, Asia Menor, gran parte de la India y Asia central hasta la actual China. La comparación de los idiomas que la componen permite la reconstrucción teórica de una hipotética lengua, el indoeuropeo, hablada hace mas de 5.000 años, en la que todos ellos tendrían un origen común. Dentro de esta familia, el irlandés pertenece a la rama de las lenguas célticas, habladas por un conjunto de pueblos europeos a los que los autores griegos y latinos denominaron celtas, galos o gálatas.

El celta común, supuesto antepasado de todos los idiomas célticos, forma parte del indoeuropeo occidental, es decir que encuentra sus mayores semejanzas con las lenguas germánicas y con las itálicas, entre las cuales se encuentra el latín, origen del castellano. Sin embargo, una evolución milenaria ha ido difuminando estos parecidos iniciales hasta hacerlos poco perceptibles.

Según la opinión más corriente entre los científicos, el celta común se escindió en dos grupos, caracterizados por la diferente evolución del fonema /kw/, que en uno se mantiene, mientras que en el otro se transforma en /p/. Al primero se le llama celta Q, gaélico o goidélico, y al segundo celta P o britónico. Se tiene por probable hoy que el celta Q representa una fase más antigua y el celta P una evolución innovadora.